Sigo siendo esa nena que lloraba con las despedidas. A día de hoy sigo convencida de que tendré mi propio cuento de hadas, que alguien estará dispuesto a darlo todo por mi. Se ve que no he aprendido lo suficiente de las cosas malas que me dio la vida, porque aun mantengo ese pequeño grado de esperanza. Tal vez en el mundo haya alguien para mi, ¿no? Una persona capaz de pensar en mi de esa forma, que por primera vez me enseñe a respetarme lo más mínimo y que, también por una vez, no me lastime. Que me quiera tanto como yo a el. Que tenga las mismas ganas de jugarsela por alguien, como yo. Creo que la encontré, espero, solamente, no equivocarme de nuevo.